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La vez que escribí "honestidad probada" en mi CV

14 ago
3 min de lectura

Actualizado: 21 ago

Dos perfiles masculinos mirando en direcciones opuestas que representan el cambio de paradigma de una ejecución técnica tradicional hacia un mindset empresarial centrado en la creación de valor.
Dos maneras diferentes de pensar en direcciones opuestas que representan el cambio de paradigma de una ejecución técnica tradicional hacia un mindset empresarial centrado en la creación de valor.



—Estoy tomando un curso sobre negocios hermano. Tú me contaste hace algunos años un término que me pareció muy interesante: "el empresario tiene otro mindset". Me llamó mucho la atención el término mindset y lo investigué para saber de qué se trata. A grosso modo entendí que es un cambio de programación mental, y es que las reglas de un negocio son diferentes a las de un profesionista que cobra por resolver problemáticas que, muchas veces, no sabe diferenciar entre una simple ejecución técnica y resolver un problema a través de su conocimiento, lo cual hace valioso lo que vende.

En la escuela pública en México recuerdo haber escuchado a lo largo de toda mi preparación académica, más o menos tres o cuatro veces, cuando nos hablaban de generar o crear "valor". Pues se trata de un tema básico en los negocios. Creo que si hace algunos años, cuando trabajaba en una oficina, me hubieran hablado sobre creación de valor, no lo habría entendido. Inclusive, en una ocasión recuerdo que en mi CV escribí algo así como "honestidad probada" (¡Te puedes reír!), refiriéndome a que ¡No encontrarían a un profesionista más honesto que yo! (Me sigo riendo de esto). En otra ocasión leí a una profesionista en Facebook que en su CV describía como parte de su efectividad en el trabajo: "puedo revisar y responder más de veinte correos por hora". Ocurre lo mismo hoy en día cuando decimos cosas como "10 años de experiencia en mi ramo", "orientado a resolver problemas", "altamente efectivo, orientado al logro, trabajo en equipo, etc.". Cosas que, así como las estás leyendo aqui, suenan irrelevantes y hasta ridículas porque en realidad lo son. Nuestra impotencia ante esta falta de recursos para saber cómo diferenciarnos radica en el mindset con el que fuimos programados como profesionistas.


Cuando la lavadora de la casa se ha descompuesto, tenemos a la mano el teléfono de un técnico que por ir a la casa, revisar la lavadora y detectar el problema —es decir, darnos un diagnóstico— nos cobra $350 pesos. Siempre me intrigó la manera en que un técnico podía cobrar más de lo que yo en muchas ocasiones llegué a cobrar como diseñador gráfico por un volante, y eso tan solo por ir a mi casa. Más adelante, una vez diagnosticado el problema, nos da el presupuesto de la reparación: "Se rompió la banda", "Se desbalanceó", "La pastilla se desgastó" (¿quién sabe qué es la pastilla?); son $1,900 pesos. Si él hace la reparación, ya no es necesario pagar los $350 del diagnóstico. Así, en un periodo de más o menos tres años, hemos alargado la vida útil de nuestra lavadora y hemos pagado al técnico lo que siempre ha sido un dolor para mi bolsillo, pero que a la larga nos ha retribuido el beneficio de no tener que comprar una máquina nuevo.


Este es el mindset empresarial al que te referías. El técnico no te vende la banda, la pastilla o la pieza que haga falta, no dice cosas como "puedo instalar hasta diez bandas de lavadora por hora"; te vende un servicio valioso. Te cobra por un diagnóstico y, ya estando ahí, te dice lo que necesitas y si quieres adquirirlo te da una oferta: "absorbo el costo del diagnóstico si hago la reparación". Va, compra la pieza y la reemplaza con la garantía de devolverle el funcionamiento a tu lavadora y volver a tener ropa limpia en casa.


No le regateas el precio (si acaso pides un descuento), no le preguntas "¿por qué tan caro?", "¿cuánto es lo menos?", "mi sobrino también le pica y me lo deja más barato", y un largo etcétera.


Lo que ocurre aquí es un conocimiento del valor que ofreces, y eso lo necesitas aprender. Cuando te preguntan "¿cuánto me cobras por un logo?", es lo mismo que haría yo si preguntara "¿cuánto me cobras por una banda de lavadora?". La enseñanza de este técnico es que él cobra por el valor que te da de devolverle la función a tu lavadora e ir a tu casa a hacerlo; no te vende una pieza, te vende una solución.



Sigue tu voz.




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